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domingo, 14 de junio de 2015

La enfermedad de la vejez


"El corazón funciona mal, los ojos se debiliran, los oídos se endurecen, la inteligencia olvida y ya no se acuerda la víspera. Es el destino de la ancianidad en el hombre el que todo vaya empeorando". 
Ptah-Hotep
Administrador y visir de Dyedkara-Isesi, faraón del Alto y Bajo Egipto durante la quinta dinastía.

Corría el año 1901. En la ciudad de Frankfurt, Alemania, aparece un día una mujer en la Institución para enfermos mentales y epilépticos de esa ciudad, llamada Auguste Deter.
La mujer se presenta con síntomas de confusión y agitación. El doctor que la atendió, parecía no poder examinarla, por lo que decide llevarla a una habitación aislada donde, la mujer, no logra conciliar el sueño.
Si bien Auguste, no presentaba ningún antecedente familiar de padecimientos mentales, ni antecedentes personales, sus problemas comenzaron con dificultades para conciliar el sueño y diciendo (sin causa justificada) que su marido, “se iba de paseo con una vecina”. Ella sufría de inexplicables explosiones de ira repentinas y se podía notar que su memoria estaba fallando.
De a poco, comenzó a cometer errores al cocinar cada día, se veía despreocupada y algunas noches, daba gritos fuertes asegurando que había un hombre que venía a hacerle algo. También creía que las conversaciones que escuchaba a su alrededor se referían siempre a ella.

Una vez instalada en la institución psiquiátrica, Auguste presentaba conductas muy extrañas. 
Desorientada, deambulaba por la habitación sin ningún objetivo ni rumbo, sin conciencia de tiempo ni espacio. Se sentaba en la cama con una expresión de desamparo. No se cubría con las sábanas sino que intentaba hacerlo con la almohada, adoptando a veces una postura casi fetal. Gritaba y agredía al personal sanitario cuando éstos iban a examinarla. Tocaba la cara de otros pacientes y a veces los golpeaba con violencia.

En los registros médicos de Auguste Deter en 1996, en los archivos del hospital psiquiátrico en Frankfurt figuran las notas del médico:

― ¿Cuál es su nombre?
― Auguste.
― ¿Apellido?
― Auguste [debería haber respondido Deter].
― ¿Quién es su esposo?
Auguste Deter vacila, y a continuación responde:
― Creo que... Auguste.
― ¿Su esposo?
― Oh.
― ¿Qué edad tiene?
― 51.
― ¿Dónde vive?
― ¡Oh, usted ya estaba con nosotros!
― ¿Es usted casada?
― Oh, estoy muy confundida.
― ¿Dónde está usted ahora?
― Aquí y en todas partes, aquí y ahora, no me culpe.
― ¿Dónde está?
― Todavía estamos viviendo.
― ¿Dónde está su cama?
― ¿Dónde debería estar?
Se suspende la sesión, y la mujer almuerza carne de cerdo y coliflor. Sigue la entrevista:
― ¿Qué quiere comer?
― Espinacas.
― ¿Qué está comiendo ahora?
― Yo solo como papas, y después rábanos.
― Escriba un cinco [ein Fünf]
― Ella escribe «una mujer» [ein Frau].
― Escriba un ocho [eine Acht].
Ella escribe «Auguste». Al escribir, dice varias veces: «He perdido, por así decirlo».

En general, no parecía comprender las preguntas que se le hacía, y al escribir omitía letras o sílabas en las palabras. Llegó un momento en que empezó a alucinar y que se volvió obsesiva con ordenarlo todo (Llevaba las sábanas de un lado al otro de la habitación). Comenzó a tener problemas para expresarse oralmente y comunicarse hasta que, muy pronto, ya no pudo hablar. Se volvió una persona completamente dependiente. Los cuatro años siguientes ella fue empeorando, cada vez más desorientada, cada vez más incoherente. A veces gritaba por horas que los médicos la iban a operar o que querían abusar de ella.

Y llegamos a los últimos años de su vida. Perdió el control de sus esfínteres. Comenzó a bajar de peso. Se debilitaba físicamente cada vez más. Estaba postrada en una cama y en una posición fetal. Ya casi no se comunicaba. A veces murmuraba o balbuceaba. Ya no se alimentaba por sí misma.

Es el año 1906. Una septicemia producida por úlceras de decúbito (Enfermedad bastante frecuente en este tipo de enfermos, que permanecen en cama continuamente) le dice hasta aquí y fallece.

El médico que la había atendido por primera vez, abandonó el Insituto al segundo a los dos años del ingreso de Auguste y se trasladó a Münich. Al enterarse de la muerte de esta, pide a su anterior jefe que le permita examinar el cerebro de Auguste. El doctor se encontró con hallazgos desconcertantes: la corteza cerebral se encontraba moteada por distintas costras o placas de distintas formas y tamaños. Cerca de un tercio de las neuronas habían sido destruidas desde su interior por una especie de ovillos de fibra desconocidos. Básicamente el doctor se encontró con lo que hoy se conoce como atrofia cortical (Disminución en el tamaño de cortex cerebral) y la presencia de unas raras formaciones en las neuronas conocidas como placas seniles y los ovillos neurofibrilares.



Hoy, a 109 años de estos descubrimientos, sabemos que aquel descubrimiento fue un hecho histórico, al ser considerada como la primera referencia científica de este tipo de demencia.

Hoy, aproximadamente 47.5 millones de personas en el mundo padecen esta enfermedad. El jefe de la clínica de Münich, el Dr. Emil Kraepelin, en el año 1910 realiza una brillante exposición clínica de esta enfermedad, aún vigente desde entonces y le dio a la enfermedad como nombre, el apellido del doctor que había tratado el caso, (Dr. Alois Alzheimer) enfermedad de Alzheimer.



El Día Internacional del Alzheimer se celebra el 21 de septiembre, fecha elegida por la OMS y la Federación Internacional de Alzheimer, en la cual se celebran actividades en diversos países para concienciar y ayudar a prevenir la enfermedad.

Existen muchos tratamientos para la enfermedad, hoy en día, que pueden retrasar la enfermedad, pero no frenarla por completo y existen tratamientos en fase de investigación a base de vacunas, ultrasonido, células madre y/o marcapasos cerebral bastante recientes.


Me pareció importantísimo contar esta historia el día de hoy, porque el Dr. Alois Alzheimer, si viviese, cumpliría 151 años, un día como hoy, 14 de junio de 2015.

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