"El corazón funciona mal, los ojos se debiliran, los oídos se endurecen, la inteligencia olvida y ya no se acuerda la víspera. Es el destino de la ancianidad en el hombre el que todo vaya empeorando".
Ptah-HotepAdministrador y visir de Dyedkara-Isesi, faraón del Alto y Bajo Egipto durante la quinta dinastía.
Corría el año 1901. En la ciudad de Frankfurt, Alemania,
aparece un día una mujer en la Institución para enfermos mentales y epilépticos
de esa ciudad, llamada Auguste Deter.
La mujer se presenta con síntomas de
confusión y agitación. El doctor que la atendió, parecía no poder examinarla,
por lo que decide llevarla a una habitación aislada donde, la mujer, no logra
conciliar el sueño.
Si bien Auguste, no presentaba ningún antecedente
familiar de padecimientos mentales, ni antecedentes personales, sus problemas
comenzaron con dificultades para conciliar el sueño y diciendo (sin causa
justificada) que su marido, “se iba de paseo con una vecina”. Ella sufría de
inexplicables explosiones de ira repentinas y se podía notar que su memoria
estaba fallando.
De a poco, comenzó a cometer errores al cocinar cada día,
se veía despreocupada y algunas noches, daba gritos fuertes asegurando que
había un hombre que venía a hacerle algo. También creía que las conversaciones
que escuchaba a su alrededor se referían siempre a ella.
Una vez instalada en la institución psiquiátrica, Auguste
presentaba conductas muy extrañas.
Desorientada, deambulaba por la habitación
sin ningún objetivo ni rumbo, sin conciencia de tiempo ni espacio. Se sentaba
en la cama con una expresión de desamparo. No se cubría con las sábanas sino
que intentaba hacerlo con la almohada, adoptando a veces una postura casi
fetal. Gritaba y agredía al personal sanitario cuando éstos iban a examinarla.
Tocaba la cara de otros pacientes y a veces los golpeaba con violencia.
En los registros médicos de Auguste Deter en 1996, en los
archivos del hospital psiquiátrico en Frankfurt figuran las notas del médico:
― ¿Cuál es su nombre?
― Auguste.
― ¿Apellido?
― Auguste [debería haber respondido Deter].
― ¿Quién es su esposo?
Auguste Deter vacila, y a continuación responde:
― Creo que... Auguste.
― ¿Su esposo?
― Oh.
― ¿Qué edad tiene?
― 51.
― ¿Dónde vive?
― ¡Oh, usted ya estaba con nosotros!
― ¿Es usted casada?
― Oh, estoy muy confundida.
― ¿Dónde está usted ahora?
― Aquí y en todas partes, aquí y ahora, no me culpe.
― ¿Dónde está?
― Todavía estamos viviendo.
― ¿Dónde está su cama?
― ¿Dónde debería estar?
Se suspende la sesión, y la mujer almuerza carne de cerdo
y coliflor. Sigue la entrevista:
― ¿Qué quiere comer?
― Espinacas.
― ¿Qué está comiendo ahora?
― Yo solo como papas, y después rábanos.
― Escriba un cinco [ein Fünf]
― Ella escribe «una mujer» [ein Frau].
― Escriba un ocho [eine Acht].
Ella escribe «Auguste». Al escribir, dice varias veces:
«He perdido, por así decirlo».
En general, no parecía comprender las preguntas que se le
hacía, y al escribir omitía letras o sílabas en las palabras. Llegó un momento
en que empezó a alucinar y que se volvió obsesiva con ordenarlo todo (Llevaba
las sábanas de un lado al otro de la habitación). Comenzó a tener problemas
para expresarse oralmente y comunicarse hasta que, muy pronto, ya no pudo
hablar. Se volvió una persona completamente dependiente. Los cuatro años
siguientes ella fue empeorando, cada vez más desorientada, cada vez más
incoherente. A veces gritaba por horas que los médicos la iban a operar o que
querían abusar de ella.
Y llegamos a los últimos años de su vida. Perdió el
control de sus esfínteres. Comenzó a bajar de peso. Se debilitaba físicamente
cada vez más. Estaba postrada en una cama y en una posición fetal. Ya casi no
se comunicaba. A veces murmuraba o balbuceaba. Ya no se alimentaba por sí
misma.
Es el año 1906. Una septicemia producida por úlceras de
decúbito (Enfermedad bastante frecuente en este tipo de enfermos, que
permanecen en cama continuamente) le dice hasta aquí y fallece.
El médico que la había atendido por primera vez, abandonó
el Insituto al segundo a los dos años del ingreso de Auguste y se trasladó a
Münich. Al enterarse de la muerte de esta, pide a su anterior jefe que le
permita examinar el cerebro de Auguste. El doctor se encontró con hallazgos desconcertantes:
la corteza cerebral se encontraba moteada por distintas costras o placas de
distintas formas y tamaños. Cerca de un tercio de las neuronas habían sido
destruidas desde su interior por una especie de ovillos de fibra desconocidos. Básicamente
el doctor se encontró con lo que hoy se conoce como atrofia cortical
(Disminución en el tamaño de cortex cerebral) y la presencia de unas raras
formaciones en las neuronas conocidas como placas seniles y los ovillos
neurofibrilares.
Hoy, a 109 años de estos descubrimientos, sabemos que
aquel descubrimiento fue un hecho histórico, al ser considerada como la primera
referencia científica de este tipo de demencia.
Hoy, aproximadamente 47.5 millones de personas en el mundo
padecen esta enfermedad. El jefe de la clínica de Münich, el Dr. Emil Kraepelin,
en el año 1910 realiza una brillante exposición clínica de esta enfermedad, aún
vigente desde entonces y le dio a la enfermedad como nombre, el apellido del
doctor que había tratado el caso, (Dr. Alois Alzheimer) enfermedad de Alzheimer.
El Día Internacional del Alzheimer se celebra el 21 de
septiembre, fecha elegida por la OMS y la Federación Internacional de Alzheimer,
en la cual se celebran actividades en diversos países para concienciar y ayudar
a prevenir la enfermedad.
Existen muchos tratamientos para la enfermedad, hoy en
día, que pueden retrasar la enfermedad, pero no frenarla por completo y existen
tratamientos en fase de investigación a base de vacunas, ultrasonido, células
madre y/o marcapasos cerebral bastante recientes.
Me pareció importantísimo contar esta historia el día de
hoy, porque el Dr. Alois Alzheimer, si viviese, cumpliría 151 años, un día como
hoy, 14 de junio de 2015.



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