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jueves, 11 de junio de 2015

Condenada a vivir



La Eutanasia. ¡Qué tema delicado! Si bien es cierto que uno de los diez mandamientos impuestos por Dios a Moises y que fue transmitido a través de los siglos a múltiples religiones es “No matarás”, llega un  punto, en la vida de algunas personas, en que los minutos cuentan, y hay decisiones que se tienen que tomar.


Recuerdo un gran amigo me decía siempre: «Si me enfermo, y me internan, y me quedo inconsciente y ya no tengo remedio… por favor, desenchúfenme» hoy en día descansa en paz y se fue en su ley. 

Esta es, justamente una decisión que no podemos tomar a la ligera. Con los avances de la medicina de hoy en día, habiendo tantas posibilidades de tratar múltiples enfermedades mortales, nadie quiere tomar la decisión de “desenchufar” a un ser querido. Creo, en el fondo, es por un pequeño egoísmo de no querer dejarlos ir, en algunos casos.

En esta publicación me tomé el atrevimiento de tocar este tema porque, considero, es de suma importancia empezar a preguntarnos ¿Qué sería de nosotros en situaciones límites? ¿Cómo reaccionaríamos al ver a un ser querido, pariente o amigo, en un estado prácticamente inhumano, conectado día y noche a aparatos que lo ayudan a respirar, alimentándolo por medio de sondas, “viviendo”? ¿Es eso vida? Yo me pregunto a veces, si yo me encontrase en esa situación ¿Qué sentiría? ¿Estaría consciente? Si estuviese consciente en un estado así, creo que me gustaría descansar.

No es una decisión fácil. Dejar de luchar por mantener a una persona querida “con vida” no es una decisión sencilla, y hoy traigo a colación este tema porque quiero hablar de una mujer, cuya vida sirvió para mostrar al mundo una realidad que muchos pasan y que merece ser debatida.



Su nombre era Karen Ann Quinlan. Una joven bella, divertida, digamos, una chica normal pero tenía algo: era consciente de su belleza y por lo tanto un poquito vanidosa. En 1975, para asistir a una fiesta, se había comprado un vestido que quería lucirlo con todo su esplendor pero, como es común en muchas mujeres, ese vestido le ajustaba un poco. Ante esta situación comenzó una estricta dieta para poder usar ese atuendo y que pueda ser admirado por todos y todas y que ella pudiera satisfacer su necesidad de sentirse bella y radiante, como cualquier joven.



El 15 de abril asistió a la fiesta en la casa de un amigo. Durante las 48 horas anteriores a la fiesta no había comido nada excepto algunas pocas rebanadas de pan. Como en toda fiesta, el alcohol representa una parte muy importante en este tipo de eventos y esta no era la excepción. Esa noche, Karen Ann, no solo consumió alcohol sino que consumió unas fuertes dosis de Valium (Un tranquilizante). Esa poderosa mezcla ocasionó que se sintiera mareada y fue a recostarse al cuarto de su amigo. Más tarde, los que asistieron a la fiesta encontraron a Quinlan en la cama, inconsciente y sin respirar. Inmediatamente fue llevada al hospital de urgencias donde le diagnosticaron una anoxia (Falta casi total del oxígeno en un tejido. Es un estado en que la necesidad de oxígeno de las células del organismo no es satisfecha) por falla del sistema autónomo y carencia respiratoria. Fue puesta en un respirador artificial. Pero el daño ya estaba hecho. Había quedado en estado vegetativo.

Después de algunos meses, sus padres solicitaron al hospital que fuera retirada del respirador artificial que la mantenía viva, pero el personal del hospital se había negado rotundamente.



Así fue que el caso fue llevado a la Corte Suprema de New Jersey en 1976 que autorizó la decisión de los padres. Y así por orden judicial, la joven Karen Ann fue desconectada del respirador y, para sorpresa de todos, siguió respirando por sí sola y de esta manera alimentó la esperanza de una posible recuperación.


Karen Ann vivió nueve años en estado vegetativo hasta que murió a causa de una pulmonía un día como hoy, 11 de junio de 1985.

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