La Eutanasia. ¡Qué tema delicado! Si bien es cierto que uno
de los diez mandamientos impuestos por Dios a Moises y que fue transmitido a
través de los siglos a múltiples religiones es “No matarás”, llega un punto, en la vida de algunas personas, en que
los minutos cuentan, y hay decisiones que se tienen que tomar.
Recuerdo un gran amigo me decía siempre: «Si me enfermo, y
me internan, y me quedo inconsciente y ya no tengo remedio… por favor,
desenchúfenme» hoy en día descansa en paz y se fue en su ley.
Esta es,
justamente una decisión que no podemos tomar a la ligera. Con los avances de la
medicina de hoy en día, habiendo tantas posibilidades de tratar múltiples
enfermedades mortales, nadie quiere tomar la decisión de “desenchufar” a un ser
querido. Creo, en el fondo, es por un pequeño egoísmo de no querer dejarlos ir,
en algunos casos.
En esta publicación me tomé el atrevimiento de tocar este
tema porque, considero, es de suma importancia empezar a preguntarnos ¿Qué
sería de nosotros en situaciones límites? ¿Cómo reaccionaríamos al ver a un ser
querido, pariente o amigo, en un estado prácticamente inhumano, conectado día y
noche a aparatos que lo ayudan a respirar, alimentándolo por medio de sondas, “viviendo”?
¿Es eso vida? Yo me pregunto a veces, si yo me encontrase en esa situación ¿Qué
sentiría? ¿Estaría consciente? Si estuviese consciente en un estado así, creo
que me gustaría descansar.
No es una decisión fácil. Dejar de luchar por mantener a una
persona querida “con vida” no es una decisión sencilla, y hoy traigo a colación
este tema porque quiero hablar de una mujer, cuya vida sirvió para mostrar al
mundo una realidad que muchos pasan y que merece ser debatida.
Su nombre era Karen Ann Quinlan. Una joven bella, divertida,
digamos, una chica normal pero tenía algo: era consciente de su belleza y por
lo tanto un poquito vanidosa. En 1975, para asistir a una fiesta, se había
comprado un vestido que quería lucirlo con todo su esplendor pero, como es
común en muchas mujeres, ese vestido le ajustaba un poco. Ante esta situación
comenzó una estricta dieta para poder usar ese atuendo y que pueda ser admirado
por todos y todas y que ella pudiera satisfacer su necesidad de sentirse bella
y radiante, como cualquier joven.
El 15 de abril asistió a la fiesta en la casa de un amigo. Durante
las 48 horas anteriores a la fiesta no había comido nada excepto algunas pocas
rebanadas de pan. Como en toda fiesta, el alcohol representa una parte muy
importante en este tipo de eventos y esta no era la excepción. Esa noche, Karen
Ann, no solo consumió alcohol sino que consumió unas fuertes dosis de Valium
(Un tranquilizante). Esa poderosa mezcla ocasionó que se sintiera mareada y fue
a recostarse al cuarto de su amigo. Más tarde, los que asistieron a la fiesta
encontraron a Quinlan en la cama, inconsciente y sin respirar. Inmediatamente fue
llevada al hospital de urgencias donde le diagnosticaron una anoxia (Falta casi
total del oxígeno en un tejido. Es un estado en que la necesidad de oxígeno de
las células del organismo no es satisfecha) por falla del sistema autónomo y
carencia respiratoria. Fue puesta en un respirador artificial. Pero el daño ya
estaba hecho. Había quedado en estado vegetativo.
Después de algunos meses, sus padres solicitaron al hospital
que fuera retirada del respirador artificial que la mantenía viva, pero el
personal del hospital se había negado rotundamente.
Así fue que el caso fue llevado a la Corte Suprema de New
Jersey en 1976 que autorizó la decisión de los padres. Y así por orden
judicial, la joven Karen Ann fue desconectada del respirador y, para sorpresa
de todos, siguió respirando por sí sola y de esta manera alimentó la esperanza
de una posible recuperación.
Karen Ann vivió nueve años en estado vegetativo hasta que
murió a causa de una pulmonía un día como hoy, 11 de junio de 1985.



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